Los telares del mercado artesanal y la arquitectura rústica de las casas bajas de adobe contrastan con una hazaña de la ingeniería moderna que figura entre los récords del mundo. En el calmo pueblo de San Antonio de los Cobres, un inmenso puente ferroviario de 63 metros de altura se posiciona entre los más elevados del planeta. Desde allí, el mundo parece ponerse al alcance de la mano.

El pueblo del norte argentino que el Papa Francisco declaró como "el mejor del mundo"

A 167 km de la capital de Salta y elevado a unos 3.775 metros sobre el nivel del mar, se encuentra este pueblo en pleno corazón de la Puna, donde la naturaleza armoniza con las grandes ambiciones del hombre. Para el año 1930, cuando la fiebre del ferrocarril aún dominaba los planes económicos, se inició la construcción del imponente Ramal C-14. Esta obra, comandada por el ingeniero Richard Fontaine Maury, buscaba conectar el Norte Argentino con Chile, desafiando las leyes de la física en un territorio hostil.

Tocar el cielo con las manos

La joya de la corona de este recorrido es, sin duda, el Viaducto La Polvorilla. Ubicado a unos 18 kilómetros del pueblo, esta mole de acero se extiende por 224 metros de largo a una altitud de 4.200 msnm. Es el punto culminante del Tren a las Nubes, donde la formación ferroviaria se detiene para que los viajeros admiren un paisaje que parece de otro planeta.

Pero San Antonio de los Cobres es mucho más que sus vías férreas. El pueblo, distinguido como uno de los "Lugares Mágicos" de Salta, conserva una mística ancestral. Sus calles, custodiadas por el Cerro Terciopelo, mantienen construcciones de adobe y techos de paja, técnicas que resistieron el paso del tiempo y el clima riguroso de la montaña.

Tradición, fe y sabores de la Puna

La identidad del pueblo late cada agosto, cuando se celebra la Fiesta Nacional de la Pachamama. En este ritual, se cava la "boca" de la tierra para ofrendar el Tijtincha (carnes secas con mazorcas) y la chuya, una bebida artesanal de maíz y quinoa, pidiendo abundancia y protección. En febrero, la energía se transforma con el Carnaval Andino, conocido por ser el más alto del mundo, con celebraciones que tienen lugar incluso debajo de la estructura del viaducto.

La gastronomía local ofrece tesoros como los guisos de llama, humitas, tamales y preparaciones con papines andinos. Además, es posible realizar trekkings acompañados por llamas, una tradición milenaria que permite recorrer la iglesia y los alrededores del pueblo al ritmo pausado de la Puna.

Un ecosistema único entre volcanes y salares

Desde San Antonio de los Cobres se puede acceder al Abra del Acay, el punto más alto de la mítica Ruta Nacional 40, o emprender travesías 4x4 hacia los imponentes Salares del Pocito y Arizaro.

En este desierto de altura, la vida se abre paso: vicuñas, guanacos y suris cordilleranos habitan la Reserva Provincial Los Andes, mientras que en las lagunas cercanas, como la del Salar de Santa Rosa de los Pastos Grandes, los flamencos rosados tiñen de color el horizonte.